22/2/12

Gala de los Goya


La XXVI edición de los premios Goya concluyó con la coronación de No habrá paz para los malvados, en una gala monótona del que seguro se recordará en rap del Resines. Me hubiera gustado estar presente en los ensayos, ver la cara de circunstancias de los demás actores y del equipo directivo. Seguramente el único sonriente sería el personal de marketing, sabían que reventarían las redes sociales con tal verborrea y balbuceo de palabras incomprensibles para el oído humano.


La gala la presentó la cómica Eva Hache que estuvo exultantemente sosa con un guion flojo que no supo mantener el ritmo y buscar esos puntos de inflexión que hicieran más soportables los inacabables discursos de algunos triunfadores pesados. No habrá paz para los malvados se llevó 6 estatuillas, ganando en categorías de primer orden como mejor director, para Urbizu; mejor actor principal, José Coronado y mejor película.

En estas galas se suele hablar de ganadores y premiados, pero hubo un perdedor claro, Pedro Almodóvar se quedó con la miel en los labios, La piel que habito se llevó 4 goyas, los más importantes fueron para el maestro Alberto Iglesias, un genio de la música, y Elena Anaya por su tremenda actuación en una película que recibió incluso más premios de los que merecía.

Por primera vez una película de animación, Arrugas, ganó el Goya al mejor guión adaptado,  y Blackthorn. Sin destino demostró que los western no están pasados de moda. Otra de las películas ganadoras de la velada fue Eva (3 premios). Un poderoso drama envuelto bajo el disfraz de la ciencia-ficción que busca romper moldes, una interesante propuesta que se reduce a una buena película firmada por Kike Maillo, ganador del premio al mejor director novel. Hablando de películas originales que tocan temas inusitados y originales, La voz dormida se hizo con tres estatuillas, la más laureada fue la de María León (mejor actriz revelación), una actriz que está consiguiendo abrirse un hueco en este mundo.

Anonymous y un espontáneo extremeño marcaron el pié de página de un evento cuya seguridad quedó en entredicho, lo mismo que Enrique González Macho, director de la Academia, que tuvo que salir escoltado por sus dos vices, Judith Colell y Marta Etura (hay que ver qué primer plano tiene esta mujer), para ofrecer un discurso poco ajustado a los tiempos. Incapaz de atisbar las tremendas posibilidades que la red puede ofrecer al cine español; un discurso caduco que contradice la genialidad que en su día pronunció Alex de la Iglesia, no hay que echar balones fuera, si la gente que va al cine (porque hay gente que todavía hace estas cosas tan extrañas) pasa del producto estatal, será por algo.

Santiago Segura se marcó el mejor monólogo de la noche, no estaría mal verlo en el mismo escenario en la próxima edición de los Goya. Por otra parte, quedó patente que al cine español le queda mucho camino por recorrer, necesita una revolución de ideas en todos los aspectos, incomprensible el olvido de Mientras duermes.

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