4/3/10

Tiana y el sapo

Tiana y el sapo


En pleno imperio de la animación computadorizada y del nacimiento de la tercera dimensión, Disney decide volver a tiempos pasados, los del lápiz y papel. No hay que menospreciar las viejas formas de hacer cine, lo que hace relevante a una película no son unas gafas sino su valor artístico y su capacidad para transmitir un mensaje que, como ocurre con la buena literatura, nos haga crecer como insignificantes personas que somos.

Siempre he dicho que las fotografías en blanco y negro son las más estéticas, por ello me alegro que se siga usando correctamente esta forma de hacer cine, películas exitosas como La lista de Schindler en los noventa confirman este hecho. Más recientemente, La cinta blanca o Ciudad de vida y muerte se decantan por este uso estético. El cine mudo tampoco desaparece, el pequeño robot Wall-E, consigue traspasar el corazón a través de sus gestos y expresión. El cine en 3-D supone una lucrativa forma de hacer cine, pero no desbancará a las otras formas si estas siguen aportando significados.

Con Tiana y el sapo regresamos a los mejores momentos de Disney, realiza una película entretenida, con algunos momentos musicales esplendidos y con una primera parte realmente interesante. Busca romper moldes –sin llegar a los límites de Shrek– a los propios cuentos infantiles que en alguna ocasión Disney cobró vida, aunque se nutre de otros muchos para confeccionar la historia. Ambientada hábilmente en la Nueva Orleans de los años 20, la joven Tiana, rodeada de buen jazz, vivirá su peculiar historia principesca mientras lucha duro por conseguir su sueño, se agradece que su mayor meta en la vida no sea desposarse con un guapo galán.

La trama decae en la segunda parte de la película cuando los bichos verdes acaparan toda la atención, la historia se convierte en un pastel de mucosidad; menos mal que un cocodrilo gordinflón amenizará los minutos a golpe de trompeta y una luciérnaga pasional –ya era hora de que hicieran a estos insectos tal como son, es decir, carentes de belleza– se convertirá en el gran secundario de la película. Ray consigue iluminar zonas a las que otros no llegan.

Tiana, la primera princesa negra de la Disney, quedará impregnada en la retina con una historia cocinada con una buena dosis de interés, con un enemigo que le da el toque picante justo y una música que dulcifica su sabor. Una película emplatada en los cánones familiares de Disney, ya saben, las perdices y todo eso.

0 comentarios:

Publicar un comentario