19/3/10

Milana bonita

Me tocaba hablar en la radio –no se alarmen queridos lectores tan sólo se trata de una radio universitaria que atesora devotos aficionados– sobre alguna película. Por más que intentara pensar en diferentes títulos a mi mente sólo acudía la película dirigida por Camus en 1984, no podía ser otra más que Los santos inocentes, una de las joyas del cine español.


Miguel Delibes siempre me calló bien, un tipo humilde capaz de mandar a tomar vientos a los peces gordos que comercializan con la literatura. Era una persona rural, sencilla, amante de la caza menor –la consideraba la menos inhumana– y del ciclismo y el fútbol hasta que el dopaje y la defensa cobraron protagonismo. Tiene unos artículos sobre el fútbol fabulosos, me encanta que los grandes escritores confiesen sus aficiones mundanas. Estoy harto de escuchar a escritores del tres al cuarto su amor por el arte divino y su total desprecio por el circo romano. Creo que en la mezcolanza está la solución, pero me enerva saber que lo escupen para parecer más bohemios aunque los sábados por la noche no se separen del televisor.

A Delibes siempre lo pondré como ejemplo de persona que supo entender el arte que inspira el cine, declaró –a respecto de la adaptación de Los santos inocentes– que el cine aportaba otros aspectos que la literatura no puede ofrecer y viceversa, era tan válida la película de Camus como su propia obra, la humildad del genio salió nuevamente a relucir. Miguel no se imaginaba a una Carmen que no tuviera el aspecto de Lola Herrera, su interpretación en la adaptación de Cinco horas con Mario cautivó a su creador. Lo mismo me ocurre con Los santos inocentes, hace pocos meses leí la obra y no podía borrar de mi mente el rostro de Alfredo Landa y Francisco Rabal.

Estas pequeñas notas inconexas pretenden mostrar mi admiración por este gran escritor que desarrolló su obra en Castilla, un mundo que pasó desapercibido por ser considerado de tercera categoría. El mundo rural que se desarrolla en Castilla bien vale lo mismo que el mundo sureño de Flannery O´Connor, y si la excusa es el tamaño comparen esta tierra áspera y secana con la ínfima habitación del gran Kafka. El mundo de Delibes es tan válido como el de cualquier otro gran escritor, su amplio conocimiento del campo y su crítica ante las atrocidades cometidas por un grupo de señoritos son la seña de identidad de un escritor que permanecerá vivo en la medida que habite en nuestras humildes estanterías.

5 comentarios:

el mundo sureño de Flannery O Connor..veo q la guadalupearbonización dio resultado! jjaja

Al final va a crear escuela.
Saludos.

Qué gran película, pero más grande es la novela. Sin casi signos de puntuación domina el castellano como nunca más lo he leído. Además su literatura no tiene edad: le encanta a los chavales y fascina a los mayores. Fantástico homenaje. Un saludo.

yo al contrario que otros...si que hubiera ido a su funeral... era un grande!

Gracias Beatrice por la parte que me toca.
Muy agudo tu comentario lau, no solo era grande sino que lo seguirá siendo.
Estas vacaciones haré un nuevo visionado de la película que algunas partes las tengo un poco borrosas.

Saludos.

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