9/10/09

Crónica de un aburrimiento no anunciado

Cuando asistes a un partido de la “NBA Europe Live Tour” como el que ayer se disputó en el Palacio de los Deportes de Madrid, esperas ver ante todo espectáculo. Los algoritmos defensivos no interesan, quieres ver portentosos mates, triples desde los siete metros, alley-hopps formidables y un ritmo de juego tan alegre que no suponga ningún esfuerzo traspasar la barrera de los cien puntos.

Los lujosos asientos merecían un mínimo de espectáculo, en la cancha se enfrentaban los Utah Jazz contra el Real Madrid –un equipo a priori con una plantilla competente y un entrenador, Messina, que incluso ha sonado para dirigir algún equipo de la mejor liga del mundo–. Por ello pensé que asistiría a un partido entretenido donde el espectáculo primara sobre la especulación, pero para mi disgusto, me equivoqué. El Real Madrid, demostró que aún necesita mucho rodaje, su nivel de juego dejó mucho que desear, estuvieron nulos debajo de los tableros y la línea del triple se les hizo demasiado lejana.

Por el contrario, los Utah Jazz tampoco ofrecieron mucho más, sin despeinarse se marcharon muy por encima del marcador –28 puntos arriba– y eso que su juego no es que fuera brillante. El equipo de Jerry Sloan, salió a disputar un encuentro de forma seria, con una defensa pegajosa y consistente; no querían perder como ya le ocurrió a los Raptors. El nivel de juego quedó patente, y aunque el Real Madrid acusara las lesiones de algunos de sus jugadores esenciales, no es excusa para ofrecer un espectáculo tan deprimente.

Los blancos solo aguantaron el primer asalto, la grada permanecía callada –se podían escuchar a la perfección el rechinar de las deportivas de los jugadores en el parqué y sus gritos desde la pista–, los aplausos fueron sucedidos por bostezos cuando ni siquiera el segundo cuarto había concluido. Los americanos tendrán sus fallos, pero saben crear un buen espectáculo, es triste admitirlo pero me interesó más los bailes, acrobacias (una mujer que utilizó un arco usando las piernas como manos) y demás juegos chorras que enaltecieron a sectores de la grada ociosos en los interminables tiempos muertos.

En el último cuarto, ya todo el mundo miraba el reloj, la conclusión se retrasaba y lo que se jugaba en la pista no era del interés de nadie.El equipo blanco jugaba a ver pasar el tiempo y los de Utah se relajaron permitiendo que los locales maquillaran un poco el marcador. En los últimos minutos, las miradas de los asistentes estaban en Bear, la mascota de los Utah, que no dudó en arrastrar a un crío por la tarima, limpiar con una mopa la calva de un periodista o darle un cabezazo (con una cabeza de goma gigante) a un vigilante de seguridad al que no le hizo tanta gracia el asunto.

El partido concluyó, el resultado (Real Madrid 87 – Utah Jazz 109) era lo de menos, la gente silenciosa se marchó sin mostrar mucho entusiasmo ante un Madrid de segundo nivel y un equipo NBA que salió a ganar sin importarle el modo de hacerlo. Mucho despliegue técnico (animadoras, videomarcadores que repetían las mejores jugadas y música que sonaba en mitad del juego al más puro estilo NBA), mucha parafernalia que no consiguió evitar un espectáculo decadente, la gente quería ver puro baloncesto y se encontró con un sucedáneo de dudosa calidad.

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