12/10/09

Ágora

Ágora

Alejandro Amenábar que con sólo cinco películas ha conseguido un merecido reconocimiento regresa después de cinco años de sequía con una superproducción con tintes históricos. Ágora supone un salto al vacío del director, una apuesta arriesgada y original que pocas veces encontramos en el deleznable –con pequeñas y honrosas excepciones– cine español. Por ello, me gustaría que Ágora obtuviera cierto éxito para que en un futuro Amenábar tenga carta blanca para dar rienda suelta a su imaginación, creo que la obra maestra de Amenábar está aún por descubrir.

Regresando al filme que nos interesa, Ágora supone una versión libre de la vida de la astrónoma Hypatia, lo importante en esta ocasión no es el rigor histórico sino el mensaje que se quiere transmitir. En torno a este, encontramos un despliegue técnico y material que conseguirán sumergirnos en la Alejandría de finales del siglo IV. El uso de la cámara y los planos son correctos, Amenábar se muestra impecable en este aspecto; personalmente no me agradaron las escenas que muestran el globo terráqueo o la misma ciudad de Alejandría a vista de satélite, las imágenes me descolocaron y me sacaron de la historia que de verdad importaba, la vida de Hypatia.

Hypatia, interpretada de una forma excepcional por Rachel Weisz, supone la piedra angular de la trama, encarna al verdadero conocimiento que otras mentes ignorantes quieren acallar. Rachel Weisz nos trasmite todo esto y más, consigue que al terminar la película sigamos recordando a su personaje, el resto del reparto –aunque correcto– no está a la altura. La espectacularidad de las batallas, la violencia desatada por un fundamentalismo fervoroso, unos diálogos trascendentes y unos personajes pincelados adecuadamente hacen todavía más patentes el gran fallo de guión de Ágora, el ritmo no se sostiene, estos altibajos no permiten que el espectador se inquiete todo lo deseable por lo que se nos está contando.

La historia aunque no todo lo estimulante que debiera ser, resulta aceptable y más cuando una trama ocurrida hace más de milenio y medio implica unas reflexiones actuales de tal calibre. Los fundamentalismos religiosos no ayudan al desarrollo del ser humano, la intolerancia es un arma que resulta mortal para el conocimiento, el ateismo es la cura de este engaño existencial. Este hilo argumentativo está expuesto a múltiples reflexiones, pero pararnos a pensar sobre ello y sobre el gran poder que tienen algunos organismos religiosos ya resulta un primer paso para conseguir abrir la cortina blanquecina que limita nuestra visión.

Una apuesta arriesgada que culmina notablemente a través de una historia inteligente que está lejos de la vacuidad de muchas superproducciones, con una excelente actriz protagonista, una gran realización pero que no encandila porque los sentimientos no han aflorado lo suficiente. Por mi parte, seguiré recordando a Amenábar por su primeriza Tesis, pero con Ágora ha conseguido que no pierda la esperanza en el cine patrio, entre la inmundicia se pueden encontrar objetos valiosos.

2 comentarios:

Qué bien ha dicho todo lo que yo sentía. Estoy de acuerdo al 100% con usted. Gracias por esta entrada. Cuando alguien me pregunte qué me ha parecido esta película, lo mandaré a su blog.

Saludos.

Gracias por sus elogios. Después de un duro día, no hay mejor medicina que leer comentarios como el suyo.

Saludos.

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